La carta que algunos nunca pudieron enviar

Familiares de las víctimas homenajeadas.
Familiares de las víctimas homenajeadas. / IDEAL
  • Desde el domingo, un obelisco recuerda en Olivares, en Moclín, a Francisco Molina y Juan Jiménez, dos vecinos que corrieron la misma suerte durante la guerra y murieron en la cámara de gas de Mauthausen

"Mándame ropa de abrigo Juan, que no puedo soportar el frío que hace". Fueron algunas palabras de una de las pocas cartas que pudo enviar Francisco Molina, un vecino de Olivares, en Moclín, que fue prisionero en el campo nazi de Gusen-Mauthausen. Eran cartas de Francisco a su hermano Juan, refugiado político residente en Francia que también había combatido en el ejército republicano durante la guerra civil. Y esa es sólo parte de la historia de 'La carta que nunca pude enviar' (Editorial Punto Rojo), un libro que Ana Molina, la sobrina de esta joven víctima de la guerra civil y el nazismo, ha querido escribir para recordar la vida de su tío muerto y las de sus dos hermanos, que aunque no corrieron tan mala suerte como Francisco, sí que tuvieron que irse de su tierra para poder sobrevivir.

En recuerdo de Francisco, y de otro vecino del anejo de Limones, Juan Jiménez, se inauguró el domingo en Olivares un obelisco para homenajearles. Al acto asistieron miembros de la corporación municipal, la delegación de la Amical de Mauthausen en Andalucía, familiares y vecinos pero, sobre todo, asistió la emoción de una familia que ha vivido intensamente el triste desenlace de la parte más cruenta de la guerra. Para llegar a este homenaje y al libro de estas vidas, Ana Molina y su primo Antonio Cervera llevan mucho tiempo gestionando cosas.

"El motivo es que se les reconozca; hubo mucha gente anónima que murió, que perdió todo por culpa de la guerra y a los que nunca se les recuerda salvo en su familia", comenta Ana, que lleva desde 2008 recabando datos para escribir una historia novelada de la vida de su tío, al que por supuesto no llegó a conocer. "Es la historia de la vida de mis tíos. Una historia que parece una película pero donde todo es verdad", describe Ana, que encontró en su búsqueda de información por archivos e instituciones internacionales una historia paralela a la de Francisco: la del también moclineño Juan Jiménez. "Me pareció de justicia recordarle también, porque es la otra persona del pueblo que sabemos murió en las mismas circunstancias", explica Molina.

La cámara de gas

Según la autora, la vinculación entre los dos era por supuesto el pueblo, pero es que además los documentos señalan que estuvieron en los mismos sitios. "Los dos pasaron a Francia cuando se perdió la batalla del Ebro, fueron apresados por los alemanes en Dunkerque y los dos fueron trasladados Mauthausen; la única diferencia es que mi tío murió ocho día antes, el 14 de enero de 1942". Había cumplido 25 años el día antes de morir en la cámara de gas. Pero eso sus padres y su familia no lo supieron hasta varios años después, cuando el campo nazi fue liberado. "La vida de mis abuelos ha sido de puro sufrimiento, porque no perdieron a un hijo, se quedaron sin tres por culpa de la guerra", se lamenta Ana, en cuya familia era imposible hablar de su tío sin deshacerse en lágrimas.

La carta que algunos nunca pudieron enviar

Por eso la familia Molina considera que les han privado de parte de su historia, "de parte de lo que podría haber sido nuestra vida", dice Ana, que sabe bien cómo fue de dura la vida tras la guerra civil para sus abuelos, su madre y sus tíos -los padres y hermanos de este vecino de Olivares-. Y en 'La carta que nunca pude enviar' se habla de esa difícil vida que le tocó vivir a Francisco Molina, Juan Jiménez y otros que, como ellos, se vieron inmersos en la guerra civil española y después en la segunda guerra mundial.

Como la carta en la que Francisco hablaba de su frío a su hermano Juan, este vecino de Olivares había escrito una carta a su padre para decirle que estaba vivo, pero no tuvo dinero para mandarla. Cuando llegó a Mauthausen se la quitaron; así es como nunca la pudo enviar. Supo de la misiva tristemente su hermano exiliado en Francia, Juan, que llegó a conocer de la carta a través de un conocido que coincidió con Francisco en el campo de concentración.

Y por eso Ana Molina eligió ese título para recordar a su tío. Tras seguir el rastro documental de Francisco por la embajada alemana en España, la asociación Amical de Mauthausen, los archivos de los campos de concentración y los documentos de la fundación Pablo Iglesias, y después de compilar los recuerdos familiares, Ana Molina ha querido invertir su propio dinero para editar este libro, "que cuenta una historia tremenda que no debería repetirse nunca más".

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