En memoria

Alberto Casares, un héroe de los que curan

IMAGEN CAPTADA POR ALBERTO CASARES, también gran aficionado a la fotografía. /
IMAGEN CAPTADA POR ALBERTO CASARES, también gran aficionado a la fotografía.

«Dijo el poeta Whittman: 'Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la historia'. Para mí, siempre serás un héroe, de los que curan, acompañan y quieren con el corazón»

POR Mª JESÚS ORDÓÑEZ Directora del Centro de Salud de Loja

«Hay almas a las que uno quiere asomarse, como a una ventana llena de Sol» (Federico García Lorca)

Alberto era mi amigo, era mi compañero de trabajo, un médico del centro de salud de Loja, pero, por encima de todo, era mi AMIGO, así, en mayúsculas. Su mano siempre estaba en mi hombro cuando algo iba mal, y su sonrisa siempre aparecía de modo sincero cuando las cosas iban bien. Podría afirmar, sin duda, que Alberto era de esas personas que hacen la existencia más liviana, porque su sensibilidad, su gusto por la belleza, su educación, su carácter amable y divertido y su corazón hacían que su compañía no pasara desapercibida.

Alberto era también, ya lo he dicho, mi compañero de trabajo. Era médico de familia, de los de verdad. Hay quien dice que la medicina es una ciencia. Otros, que también es un arte. Yo creo que ni una cosa ni la otra, o mejor dicho, un médico debe ser tan científico y riguroso como humanista. Alberto era todas estas cosas.

En estos tiempos convulsos de prisas, de saturación asistencial, de zozobra administrativa... Alberto sabía encerrarse en la consulta, hablar con sus pacientes y tratarlos con el cariño que se merece quien, ajeno a nuestros problemas, viene a buscar apoyo.

Cuando conocí a Alberto me enfadé porque me llamó «mocosa» (supongo que tener una directora despistada de 29 años no era lo que esperaban cuando llegué...). Con el paso de los meses comprendí todo el apoyo, el afecto y el cariño que había detrás de aquel hombre que, lejos de no respetarme, me apoyó, me ayudó y colaboró siempre conmigo. Porque lejos de los intereses laborales, de los colores políticos y de los intereses personales, Alberto era, en el mejor sentido de la palabra, bueno.

Como compañera, como directora y, sobre todo, como amiga, te voy a echar terriblemente de menos... Porque tu alma era de esas a las que había que asomarse, porque tu presencia hacía que la vida fuera un poquito más amable. Para tus compañeros y para tus pacientes...

Dijo el poeta Whittman: «Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la historia». Para mí, siempre serás un héroe, de los que curan, acompañan y quieren con el corazón.

Hasta siempre, querido amigo.