Te quiero gorda

OPINIÓN

Te quiero a pesar de la maldita báscula, de los falsos cánones y de la asfixia intolerable de las tallas. Al fin y al cabo, en medio de tanta estupidez, compartimos demasiadas cosas.

JOSÉ MARÍA CRUZ BARCOLoja

Perdona la franqueza, pero advierte que no antecede coma al adjetivo, lo que aleja el sentido peyorativo de éste para otorgarle algo de posibilidad y hasta deseo, de forma que quizá puedas sentirte algo molesta, pero nunca insultada. Podría sentirme igual si me calificas de flaco y seguramente con los mismos méritos y el mismo fastidio porque, aunque estas cosas rara vez se confiesan, a casi todos nos gustaría tener el cuerpo de un atleta, un mentón de tipo duro de película y los brazos de algunos camareros. Todo eso, por no hablar de la cara, el pelo o los ojos de ese famosillo cuyo nombre mejor omito para no dar pistas sobre carencias y frustraciones. Comprendo tu estado de fastidio cuando te sientes observada de reojo en la tienda mientras buscas la talla imposible ante la mirada cruel de quien debería atenderte en lugar de negar malévola con una sonrisa condescendiente que huele a falsa desde lejos.

No hablemos de playa, bañadores y fauna alusiva. Es injusto que en el primer sorteo, te haya tocado un cuerpo que no te gusta –tampoco a muchos– pero que te acompañará siempre y te servirá de señal y distintivo. El colmo es que tu gran enemiga, la báscula, tenga por origen una balanza que nos recuerda la justicia, siendo tan contrario a ella el reparto. Mira tú que, habiendo más de mil cosas por las que uno puede ser conocido y valorado, tiene que aparecer en el escaparate aquello que guarda menor relación con valores, preparación o actitud ante la vida, así que alejados de cualquier mérito o culpa, asistimos a una función de teatro absurdo y loco en el que prevalece el tipo sobre el personaje, participando en un engaño consciente. Lo demás, con lo que podrías establecer un promedio ponderado, no se deja ver o no encuentra ocasión para mostrarse, así que jugamos la partida sabiendo que el azar manda cartas, deja visible un comodín y engaña con él a todos.

Te he visto superar dificultades trabajando por ser feliz y hacer felices a otros, de manera que el mundo sea un poco mejor con tu presencia. Transmites alegría y te enfrentas a cualquier injusticia intentando cambiar este cambalache cuando no funciona. Por eso hace falta gente que diluya los problemas hasta convertirlos en obstáculos salvados a base de humanidad y valentía. Te necesito y te necesita este mundo que adolece falta de sentido si no tiene personas como tú.

Sé que en la naturaleza se han desarrollado sistemas de atracción para que los insectos se acerquen a las flores y liben el néctar a cambio de transportar los gametos oportunos, lo que no deja de ser una estrategia tan necesaria como irracional. No eres planta, ni soy insecto, supongo, y como en tu atractivo funciona la racionalidad, parece sensato valorar las novecientas noventa y nueve cualidades que te adornan, sobre todo las que has logrado con esfuerzo y voluntad.

Por eso te quiero a pesar de la maldita báscula, de los falsos cánones y de la asfixia intolerable de las tallas. Al fin y al cabo, en medio de tanta estupidez, compartimos demasiadas cosas.

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