Profeta sin tierra

«Sin la travesía bajo el sol y las tentaciones sobre la arena no hay profeta, sólo egolatría»

JUAN ALONSO SÁNCHEZ
JUAN ALONSO SÁNCHEZ OPINIÓN

No hace mucho he vuelto a escuchar el lamento aquel de que «nadie es profeta en su tierra»; y lo he escuchado de un desconocido al que por lo visto tenía la obligación de conocer. Debo confesar que esa declaración de autobombo bíblico siempre me previene hacia sus autores, porque tengo la experiencia de que tras un profeta que se anuncia a sí mismo puede ocultarse un impostor en potencia.

Aquella tensa conversación sobre el terruño y las profecías amenazó todo el rato con un descarrilamiento; ni a mí me agradó una teoría que ponía a las claras la ingratitud colectiva de los pueblos y mi ignorancia sobre los profetas apócrifos, ni a mi interlocutor debió de gustarle el fondo de mis razonamientos, infectados por el virus de la suspicacia hacia sus prodigios.

Pasados los días reflexiono –y lo escribo– sobre el ego mal resuelto y la tierra propia; sobre todas las ideas, en fin, que me ha suscitado la conversación aquella durante mis paseos con la perra. Vivo cerca del mundo del Arte (y de los artistas) y no creo que tarde en encontrarme de nuevo con algún otro hombre quejoso de su pueblo, estando inspirado por Dios para hablar en su nombre y transmitir sus enseñanzas sobre lo trascendente. Otro profeta fatuo, en fin.

Y he llegado a mis conclusiones. Y quiero pensar que vivir con la queja de «no ser profeta en tu tierra» no es de profetas verdaderos, porque en primer lugar no es propio de los ungidos la mezquindad de tener a la tierra propia por deudora de sí mismos. La tierra de nuestros pueblos nunca nos debe nada. No estoy muy seguro de que nosotros le debamos nada a ella, pero sí creo estar seguro de lo primero.

En segundo lugar pienso que un profeta verdadero no puede anunciarse a sí mismo mientras reclama en su provecho, porque un profeta verdadero llega a su tierra con el prodigio de lo milagroso entre las manos, ofreciendo portentos y resucitando a Lázaro. Si vuelves a tu pueblo pidiendo para tu propia gloria, mucho me temo que más que profeta seas, como mucho, hijo pródigo; y menuda es la diferencia.

Creo, en tercer lugar y para concluir, que el éxito de nuestras profecías no se puede medir jugando en casa. El profeta verdadero sólo puede ser investido después de cruzar los desiertos. Sin la travesía bajo el sol y las tentaciones sobre la arena no hay profeta, sólo egolatría. (Zacarías, 8: 24-27. Cartas a los petulantes).

Temas

Loja

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos