Artículo de Opinión

Pasa un tren

«La incapacidad para asumir llanamente la ideología de género está llenando el mundo de hombres momia y mujeres obsolescentes»

JUAN ALONSO SÁNCHEZ Loja

Empezaré reconociendo que aquellos de nosotros que nos hemos criado aferrados a la falda materna de un ama de casa de su tiempo y sus labores –en aquellos días azules y aquel sol de la infancia–, arrastramos cierta dificultad, más o menos consciente, para asimilar las creencias de una cultura de género que ya sopla con la fuerza de lo inexorable.

Acaban de pasar las celebraciones del Día Internacional de la Mujer con un renovado empuje justiciero, de revolución sin cadáveres –como bien dicen algun@s, el feminismo no mata–, y tengo la sensación de que al margen de asuntos cuantitativos, de cifras de movilizaciones, paros y huelgas, esta edición parece haber hecho una mella especialmente profunda en la mentalidad del cuerpo social de nuestra comunidad patriarcal. El efecto ha sido eminentemente cualitativo.

Estamos incubando conciencia: los problemas que victimizan a la mujer (violencia física, abuso sexual, brecha salarial, desconsideración directiva, hipermaternidad…) no pueden abordarse con políticas específicas para la población femenina, como si la causa del mal no concerniera al conjunto social. Tod@s somos objeto y sujeto de un sistema de ideas que debe cambiar, por sentido común y por sed de justicia; y porque además, incumbe a quienes amamos: parejas, hijas y madres.

Para cambiar, empecemos por aprender que ‘sexo’ y ‘género’ son conceptos diferenciados, y que lo serán más en el futuro pese a quien pese y caiga quien caiga. Aceptemos que la excitante distinción entre vosotras y nosotros es meramente sexual y biológica; una diversidad de anatomías encajables, una simple diferencia de posibilidades para engendrar y parir, un cromosoma X y un cromosoma Y.

Asumamos que nada tienen que ver con ese determinismo biológico los roles que nuestro tradicional sistema de creencias nos ha endilgado a unas y a otros. Los cromosomas son biología impepinable «relativa al sexo», una diferencia irrefutable; los roles son convenciones sociales «relativas al género», mudables, adaptables y por ello, sujetas a cuestionamiento.

En definitiva, aprendamos que no es verdad que la mujer, por el hecho biológico de parir, esté natural y divinamente predestinada al desempeño de roles esencialmente abnegados y domésticos: la prestación de cuidados a hijos y dependientes, por ejemplo. Asimilemos que la mujer, por el hecho de ser sujeto humano y cultural ‘de género’, tiene derecho a decidir las tareas y las funciones familiares, profesionales y sociales que su biología sexual de ninguna manera le impone.

Ya se que para algunos magnates del patriarcado, eso de la ideología de género está inspirado por el mismísimo Belcebú; pero creo que igual que el analfabetismo tecnológico ha convertido en «vieja» prematura a mucha gente, la incapacidad para asumir llanamente la ideología de género está llenando el mundo de hombres momia y mujeres obsolescentes.

Señores, cuesta desprenderse de creencias inconscientes desde ciertos privilegios y a ciertas edades, pero si renunciamos a ese reto, si dejamos que pase el tren, el tiempo nos habrá atropellado inexorablemente. ¡Venga machotes! O estamos muertos.

 

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