¿Volverá la Estación a ser una realidad?

¿Volverá la Estación a ser una realidad?
/ FOTO JORGE MARTÍNEZ
  • artículo de opinión

  • "Me gustaría que todo esto hubiese sido un sueño y el montón de grandes ladrillos decimonónicos esparcidos por el suelo fuera un espejismo"

Un año después de la visita oficial de Isabel II a Loja, en 1862, darían comienzo las obras del ferrocarril Granada-Málaga, con dos frentes, Granada-Loja y Málaga-Salinas.

El primer tramo, Granada-Estación de Loja (la hasta hace poco Estación Vieja) se acabó en 1866, cuando fue inaugurado el edificio con toda la solemnidad que el hecho requería. «[…]E n 1866 se inaugura oficialmente el ferrocarril Granada-Loja, lo que se celebró con un gran banquete en el Palacio del Duque de Valencia y al que asistieron las autoridades lojeñas y granadinas».Mientras, el tramo no construido en 1866, que debería unir Salinas con Loja, se acabó en 1886.

Desde 1891 hasta la década de los 60 del siglo XX, había un arco en la actual Avda. de la Estación que decía: «Este camino es propiedad del Excmo. Sr. Duque de Valencia». Veamos para mejor comprensión de la realidad de estos hechos cómo estaba la incipiente industria española y la casi nula realidad social.

En Málaga, los altos hornos, necesitaban 482 reales de carbón de leña para obtener 1Tm. de lingote frente a Felguera (Asturias), donde bastaban 107 reales de carbón de coke para la misma producción. Aunque se compensaba por la barata mano de obra andaluza, al final triunfaría la opción del Norte sobre el Sur. Málaga con 633 reales y Asturias con 415 marcan el inicio de las diferencias Norte-Sur. En 1862, empieza el declive de Larios y la Duro-Felguera comienza su ascenso, hasta que Bilbao toma el relevo por parte de la compañía Ybarra.

En 1866 había en España 15 siderurgias, 18 fábricas y 45 astilleros, un numero no muy elevado, pero que evidencia su desarrollo en uno de los sectores de más altas posibilidades industriales del momento. Sin embargo, faltó demanda a pesar de la construcción de ferrocarriles y la industria naval, ya que esta última estaba en manos de capital extranjero y traía todo el utillaje de sus países de origen. Se perdió una oportunidad para la industrialización, pero a pesar de ello entre los años 1855-65 la red ferroviaria española pasó de 305 kilómetros a 4.286 kilómetros, la tercera parte de las líneas férreas actuales, exceptuando las del AVE. En 1865 se construyen mil kilómetros.

Como indicaba anteriormente, el tramo no construido en 1866, que debería unir Salinas con Loja, no se acabó hasta 1886, veinte años después. Durante estos años, todos los viajeros que iban de Málaga a Granada tenían que interrumpir su viaje en Salinas y continuar en diligencia hasta Loja, para luego seguir rumbo a Granada.

Según la tradición y el decir de los coetáneos, se «culpó» al General Narváez de no permitir que la línea férrea continuara su recorrido puesto que habría de pasar por la finca familiar de ‘Aliatar’. Pero fue el tercer duque de Valencia, José María (sobrino de Ramón) quien interpuso recurso para que no continuaran las obras. La expropiación se hizo en la I República en 1873. Y en la Restauración Borbónica se finalizó el trayecto hasta la Estación Vieja; luego se hicieron la estación de San Francisco y la de Riofrío.

Indudablemente, la inmensa mayoría no vio a corto plazo las ventajas de tener en el término municipal lojeño tres estaciones de ferrocarril –Riofrío, San Francisco y La Estación Vieja o Loja–. A veces sucede que unos árboles nos impiden ver el bosque; hay que retirarse para tener perspectiva.

Testigo mudo de historias

En enero de 1881, se establece el tren conocido por todos como ‘El Corto de Loja’, luego sustituido por un ferrobús, más rápido y cómodo. Ahora, ciento cincuenta y un años después de la inauguración de la Estación, casi todos podríamos contar anécdotas ocurridas en los trenes y recordar los viajes en el Corto.

El bullicio en la estación, los vendedores de roscos de Loja, los cantarillos de agua de Loja que pregonaban las mujeres... Tristeza y alegría de los que partían y los que volvían a sus casas, soldados con permiso y familias enteras que con sus pesadas maletas de madera emigraban. Estas impresiones a muchos lojeños se les han pasado por su retina en estos días en los que hemos visto desaparecer un testigo mudo e impertérrito de nuestra historia cercana, la Estación Vieja.

Me gustaría que todo esto hubiese sido un sueño y el montón de grandes ladrillos decimonónicos esparcidos por el suelo fuera un espejismo. Lo que se derribó el 28 de abril de 2017, siglo y medio después de su inauguración, ¿volverá a ser una realidad?

Temas