Apasionados

  • artículo de opinión

  • Si no profundizamos en el verdadero sentido de nuestras tradiciones, si no somos capaces de vivir plenamente en nuestras Hermandades y Cofradías, si nos alejamos de nuestros hermanos, no deja de ser simple ostentación y exhibición artística

Con la primera luna llena de primavera, con esa brillantez de la noche, con ese blanco inmaculado de nuestra eterna y nocturna compañera, vuelve la Pasión, que, como la propia definición de la Real Academia de la Lengua dice, es «el apetito de algo o afición vehemente a ello, del latín, passio, -onis». Por tanto, apasionados no somos menos que quienes tenemos afición vehemente hacia algo, y qué mejor apasionamiento que nuestra Semana Santa, ese tiempo de PASIÓN en mayúsculas. Semana Grande para todos los cristianos y como no, para los cofrades. Terminada la cuaresma, esos 40 días de preparación y camino hacia Jesucristo, nos adentramos en el verdadero sentido cristiano: el padecimiento de nuestro Señor por redimir nuestras culpas –dando ejemplo de amor al prójimo– y, como no, la resurrección de la vida en el amor del Padre.

Ya está todo dispuesto, así debe ser. Todos los tronos bellamente engalanados con los mejores exornos florales. ‘Troneros’ que, pasando desapercibidos a los ojos de la gente, convierten la sangre divina de nuestro Señor y la Inmaculada pureza de la Virgen en un colorido vergel. Claveles, rosas, orquídeas… lo mejor para nuestras veneradas y sagradas imágenes. Ropas bordadas con primor, por manos casi divinas. Nuestros Cristos y Vírgenes vestidos con mimo y cariño, con sus silencios en la intimidad –únicos, rezos a su manera–, vestidores que se afanan hasta el mínimo detalle.

Pero todo esto, no deja de ser más que un mero escaparate si nos quedamos en eso, en lo superficial, si no buscamos algo más. Si no profundizamos en el verdadero sentido de nuestras tradiciones, si no somos capaces de vivir plenamente en nuestras Hermandades y Cofradías, si nos alejamos de nuestros hermanos, no deja de ser simple ostentación y exhibición artística.

Tenemos la obligación, porqué no decirlo, de exhibirnos, pero en una exaltación de Jesús, de ser verdaderos Nazarenos, hombres y mujeres llenos de Caridad, henchidos de la pureza inmaculada de nuestras titulares marianas.

Disfrutemos de lo nuestro, de nuestra Semana Mayor, de nuestros incensarios, ‘pediores’, tambores, bandas... Disfrutemos de nuestras estaciones de penitencia. Y, a viajero que nos visite, sumérjase en la más pura, original y centenaria tradición lojeña: la Semana Santa.