Así era el Padre Jiménez Campaña

Concierto celebrado en el centenario del ilustre lojeño en la plaza que lleva su nombre.
Concierto celebrado en el centenario del ilustre lojeño en la plaza que lleva su nombre. / FOTO JORGE MARTÍNEZ
  • En el centenario del poeta y académico de la Real Academia de la Lengua Española, el lojeño Padre Francisco Jiménez Campaña (1850-1916)

Un 23 del mes de mayo de 1850, ve la luz por primera vez, Francisco, en una casa cercana a la Iglesia Mayor o de Encarnación, donde fechas después sería bautizado, hijo de Francisco Jiménez Campaña y de Fermina Jiménez Pérez, ambos naturales de Loja. Era, su padre un industrial, pequeño propietario y su madre dedicada a las tareas domésticas. Tuvieron tres hijos, Francisco, Elías y Concepción Jiménez Jiménez, una familia consciente de que la educación es fundamental para el desarrollo personal y de la propia sociedad, como veremos a continuación.

Fiel a este principio, el niño Francisco fue llevado a uno de los colegios mejores que había entonces en Andalucía, las Escuelas Pías de Archidona, donde estudiaría las primeras letras y el bachillerato y al terminar éste, sintió la llamada vocacional religiosa, ingresando o tomando los hábitos en la Orden de San José de Calasanz, en 1866, en el seminario de San Fernando de Madrid.

En estos años de estancia en Archidona, probablemente de los 6 a los 16 años de la niñez a la pubertad, Loja vivió una serie de cambios muy profundos, no solo en su fisonomía sino que también los hay y profundos en la sociedad. Gobierna España otro lojeño, el General Narváez, muy cerca ya del final de su carrera. Años antes, en 1861, se produciría la rebelión de Loja, realizada por el entonces albéitar Rafael Pérez del Álamo, conocida popularmente como la «revolución del pan y del queso», siendo el general O´Donnell, Presidente del Consejo de Isabel II. Al año siguiente, la Reina Isabel y varios Ministros visitaron Loja durante dos días. Igualmente asiste al final del reinado de Ia madre de Alfonso XII, en septiembre de 1868, cuando en Alcolea vence el general Serrano al general Pavía, dando lugar a un cambio político muy distinto al actual, cambio de dinastía y una rápida República, tan ineficaz como corta.

En esta situación nacional, termina sus estudios académicos y eclesiásticos, así en 1871, inicia un largo periplo por distintos colegios escolapios, siendo el primer destino su antiguo colegio de Archidona, donde enseñaría las primeras letras a sus alumnos. Después pasaría por San Fernando de Madrid, Celanova en Orense, Alcalá de Henares y en 1875 llegó de nuevo a su querida tierra de Granada, donde permaneció hasta 1898 y donde empezó su actividad literaria. Sus sermones y sus romances eran tan deseados que no hubo institución religiosa ni civil donde no participara el Padre Jiménez Campaña, aunque donde se encontraba mejor y era su preferida era la Basílica de las Angustias, donde probablemente dejó su mejor oratoria así como un himno a la Patrona de Granada.

También fue en Granada donde comenzaría sus clases de literatura que durante toda su vida pedagógica impartiría no solo en el Colegio Escolapio de Granada sino en San Fernando de Madrid. Eran unos tiempos muy difíciles para las órdenes y congregaciones religiosas. También en nuestra capital empezó a firmar sus romances y poesías con el nombre de Francisco Jiménez Campaña, sustituyendo su segundo apellido, Jiménez por Campaña, como su padre. Aunque parezca baladí esto me ha dado muchos problemas para su localización genealógica, dada la dificultad que entrañan estos personajes nacidos en una época en la que aún no había Registro Civil.

El Padre Campaña, fue el VIII Rector del Colegio de Granada, sustituyendo a otro lojeño, el P. Ricardo Ruiz V ega, quien había sustituido al P.Rafael Muñoz Ruiz, también de la comarca de Loja, concretamente de Algarinejo. (pág 235, ‘El Colegio junto al río’. ‘Los escolapios en Granada1860-2000’ P.Iniesta.). En estos 23 años de estancia en Granada, desarrolló una gran labor social y religiosa y también literaria, colaboró en la Revista ‘La Alhambra’ donde se publicaban sus poesías, incluso cuando ya estaba en Madrid.

De su pluma salieron hermosos versos y los mejores romances de su época tales como ‘El romancero de Santa Teresa de Jesús’, ‘Sermones del Dolor’ o ‘El Romancero de San José de Calasanz’,etc. Muchas fueron sus obras escritas bajo la máxima agustiniana de «que la verdad luzca, seduzca y mueva». En el viejo Liceo granadino, en la prensa diaria, en las sociedades y tertulias literarias granadinas, los versos del Padre Campaña fueron siempre muy populares y elogiados y aun mas sus sermones y homilías, desarrollados a lo largo y ancho de España y sus posesiones de ultramar, durante los 45 años de vida laboral.

En Granada comenzó su periplo literario y en Madrid recibiría el galardón más alto para un escritor, académico correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española, aunque a decir de la prensa y críticos de la época se merecía ser académico de número. Ciertamente hay pocos datos de su personalidad, así como muy pocas referencias de su perfil humano, tanto físico como intelectual. Las pocas que tenemos son extraordinarias, llenas de agradecimiento, otras de cariño, la mayoría de ellas primero con motivo de su nombramiento como académico por unanimidad y otras cuando murió.

En una de las visitas de uno de sus discípulos, el poeta Ángel del Arco, el propio Jiménez Campaña le cuenta que el homenaje que le dio el pueblo de Loja fue para él todo un consuelo. Algo que él agradeció con su bello romance ‘A Loja’.

Cuando recibe el nombramiento de académico correspondiente de la RAE, le llovieron literalmente los telegramas desde Loja y Granada, la prensa granadina, como es lógico se hizo eco de la noticia. La revista ‘La Alhambra’ y el ‘Defensor de Granada’ así como ‘La Unión Ilustrada de Málaga’, periódicos sevillanos y de Madrid también le dedicaron un espacio a esta noticia, lamentando que no lo nombraran académico de número de la RAE.

Durante el último tercio del siglo XIX y primero del XX vivió la Orden Calasancia, su etapa más brillante; entre esta pléyade de hombres doctos, destacaron muchos escolapios en los distintos campos de la enseñanza, matemáticas, física... Personajes históricos como Santiago Ramón y Cajal; cardenales como Calasanz Vives,; arquitectos como Antonio Gaudí y Mariano Benlliure; literatos como Víctor Hugo, Jose Martínez Ruiz ‘Azorín’ y el propio Jiménez Campaña.

El Padre Jíménez Campaña tenía una gran preparación académica, una gran inteligencia y una sensibilidad extraordinaria que, unida a su fe y a su gran amor por su Patria, le hacen ser un prototipo de hombre, difícil de encasillar en una sola faceta. Personalmente lo veo más en el siglo de Oro que en el romántico XIX, mitad sacerdote, mitad soldado, aunque sus huestes fuesen niños y jóvenes educados.

Su impronta poética, sus bellos romances, sus sentidos sermones, sus conocimientos históricos... hacen con todo mérito que aquellos que le conocieron dijeran que mereció ser académico de número, no solo por la cantidad de obras que nos legó sino por la calidad de las mismas.

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