¡Se abre el telón!

  • Parece el título de un chiste. Pero no. Comienza nuestro carnaval, y más concretamente nuestro concurso, que no es ningún chiste. Aunque a veces nos haga reír. Así, de golpe y porrazo, y recién finalizada la Navidad, el tres por cuatro de las coplas se mezcla con el eco de los últimos villancicos.Es lo que tiene este calendario lúdico-religioso, que se mueve al vaivén de las lunas y que marca las fechas de las dos grandes celebraciones de Don Carnal y Doña Cuaresma. Va a comenzar ese tiempo o instante que soñamos durante meses. Y es que el carnaval, es esa época del año en que casi todo está permitido. Donde se cambian los roles sociales y modifica el 'status quo' de los ciudadanos durante unos días, siempre y cuando se participe de esta fiesta pagana popular.El mismo carnaval que surgió de la cultura popular como insurrección a lo musicalmente establecido y como elemento transgresor y de rebelión contra las injusticias sociales y/o políticas, a través de las letras. La cultura popular hace referencia al conjunto de patrones culturales y manifestaciones artísticas y literarias, creadas o consumidas preferentemente por las clases populares (baja o media) sin instrucción académica y como contraposición con una cultura académica, reglada, alta u oficial centrada en medios de expresión, tradicionalmente valorados como superiores, y generalmente más elitista y excluyente.Tras esta definición, podemos valorar cualitativamente las obras artístico-literarias creadas en carnaval manadas del pueblo, en la mayoría de los casos, sin conocimiento previo introductorio al mundo de la música, la literatura, la expresión corporal, el arte dramático y las artes plásticas que hacen un compendio perfecto de lo que sería «parir» una agrupación de carnaval y que debiera reunir todas estas disciplinas artísticas, con el mérito que se le atribuye por la ignorancia músico-vocal antes descrita.Quizá ninguna otra expresión cultural posea tantas dotes artísticas como lo es una agrupación de carnaval, y sin embargo se relega a un segundo plano, con infraestructuras de menos categoría, se le dedica menos tiempo, menos dinero, menos espacio y ningún caso, o sea, es menos «cívico». Lo artísticamente elitista está en los altares de lo más exquisito de la sociedad e incluso se atreve a invadir espacios respetados para la época carnavalesca y que ya son sólo reservados para las élites artísticas dotándolo de más categoría, más tiempo, más dinero, más espacio y más atención, es decir, más «imperial».Cuantitativamente hablando, el carnaval es de las fiestas populares no eclesiásticas, en las que más personas participan ya sea como actores principales en alguna agrupación o como meros espectadores. Se venden todas las entradas, se abarrota el auditorio y cuelga el cartel de «No hay entradas». Y de eso muy pocos espectáculos pueden presumir.La calle se llena de burla, de ambiente satírico y grotesco, de poca vergüenza, de disloque, de imaginación y de humor. Todavía la calle no se llena lo suficiente. Pero se llenan los bares, los restaurantes, las discotecas (si las hay), los pubs (si los hay, aunque sea escasamente)... Y es que ha llegado el carnaval. Sí, el carnaval de Loja, nuestro carnaval, para bien o para mal.La vida pasa y estos momentos hay que vivirlos aunque sea por un día. Piensa que en la vida hay más cosas importantes que el carnaval, pero el carnaval es lo primero. Recuerda la canción de la cubana Celia Cruz, «La vida es un carnaval»... Y el carnaval es vida. ¡Se abre el telón!