HISTORIA SOBRE... PERSONAJES LOJEÑOS

Moraima, la última reina nazarí

Relatos del cronista oficial lojeño

Vivió y sintió las miserias y las penurias de la guerra: perdió a su padre –el legendario Aliatar–, a su hijo Yusuf y el último reino árabe de Al-Andalus

JOSÉ ARENAS ROPERO Cronista Oficial de la Ciudad de Loja

La última reina nazarí fue Moraima, casada con el sultán Boabdil. Es este personaje para algunos historiadores casi imaginario, ya que hay tantas contradicciones y al mismo tiempo tan pocas informaciones de ella que obviamente no hay estudios serios sobre el tema, pues no existen fuentes fidedignas que nos muestren un camino serio.

No se sabe si realmente era este su nombre o si era hija de Aliatar, versiones que hemos pues de tomar con las debidas precauciones. Y es que, como he dicho, las fuentes son las tradiciones orales hasta que, en el siglo XIX, el romanticismo crea esta figura tan humana y tan sensible al espíritu humano. Reina de un reino que, desde su casamiento, está en constante división, pues su marido pelea contra su propio padre y este contra su tío El Zagal. Su suegro Muley Hacen la hace cautiva junto a sus hijos en un Carmen de donde no puede salir. Esto cuenta una novela histórica llamada ‘Cuentos de la Alhambra’, de Washington Irving. También Martínez de la Rosa y el conde de Benalúa y Duque de San Pedro de Galatino, que escribe su libro ‘Boabdil’. En sus libros, Moraima está a caballo entre la literatura y la historia.

Los datos que poseemos nos dicen que nació en Loja en 1467, que era hija del alcaide Ali Atar y que muere en Laújar de Andarax, en la Alpujarra almeriense en 1493. Fue casada con Boabdil a los 15 años; era el sultán de Granada, hijo de Muley Hacen. Debido a las luchas e intrigas que había en el reino nazarí, éste estaba dividido en tres facciones: la de Muley Hacen, la de Boabdil y la de su tío El Zagal. Las tres luchaban entre sí y al mismo tiempo tenían que defender el reino frente a los Reyes Católicos. Por ello, Moraima sufre cautiverio junto con sus hijos Ahmed y Yusuf, como ya hemos apuntado. En 1483 un nuevo revés sufrirá como hija y esposa de Aliatar y Boabdil, respectivamente: la muerte del padre y el cautiverio de su esposo en la batalla de Lucena, donde además tuvo que entregar a sus hijos como rehenes de la palabra de su padre. Menudo sufrimiento para una madre, hija y esposa que recibe tales noticias: la pérdida de sus hijos, la muerte de su padre y la cárcel de su esposo, el califa de Granada.

Nueve años estuvo Moraima separada de sus hijos, a los que vería una vez estuvo en Andarax. Allí murió el pequeño, que casi no conocía a su madre. Y otro sufrimiento más que añadir, además poco tiempo antes de su partida para Marruecos.

Quizás esto hizo que se acelerara la muerte de la joven sultana, que, unos meses antes de la partida, murió en Andarax. Meses antes de la entrega de Granada a los cristianos, el joven monarca nazarí ordeno que llevaran todos los miembros de la familia real enterrados en la Alhambra a la alquería de Mondújar, situada a unos 30 kilómetros de Granada y propiedad de la familia real nazarí. Aquí trasladó Boabdil los restos de Moraima y los de su hijo Yusuf.

Se cree que, cuando realizaron las obras de circunvalación de la carretera de Motril a su paso por Mondújar, parte del cementerio o ‘macabrán’ donde estaban los reyes y miembros de la familia real fueron removidos y desperdigados, quedando de nuevo sepultados en donde se hizo esta variante de la carretera N-323.

Es por tanto una triste historia, como la de su esposo, el sultán Boabdil. Hay más penas, sinsabores y desgracias; termina su vida sin ver a su familia unida aunque solo fuera en el destierro en Fez, ya que todos los sufrimientos de Boabdil los tuvo también la última sultana de la Alhambra.

No sabemos la personalidad de Moraima y en qué punto influyó en la vida de Boabdil. No hay referencias históricas si bien, como ya hemos dicho, sí las hay en la literatura. Terminamos diciendo que la realidad de esta lojeña va desde la soledad de una niña que se casa con 15 años a la desgracia, en los últimos diez años de su vida, ya que no vio cómo crecían y cómo educaban a sus hijos los cristianos. Y lo poco que convivió con su esposo, debido a la guerra granadina tanto interna con los suyos como externa con los cristianos.

¿Soñaría una vida mejor, una vez conquistada Granada, viviendo en Andarax, una pequeña ciudad donde podía gozar de la tranquilidad del hogar junto con sus hijos y marido? Sin embargo la fortuna le fue adversa; fue una reina que vivió y sintió las miserias y las penurias de la guerra: perdió a su padre –el legendario Aliatar–, a su hijo Yusuf y el último reino árabe de Al-Andalus.

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