OPINIÓN

Carta a una maestra

Artículo de Opinión

Buena parte de mi formación y mi futuro te la confiaron cuando me llevaron al colegio y, desde aquel momento, tus decisiones fueron para mí tan importantes como las de quien pilota una nave

JOSÉ MARÍA CRUZ BARCO Loja

Así se titulaba un librito escrito hace casi 50 años por un grupo de alumnos de Barbiana, aldea próxima a Florencia, para denunciar su condición de rechazados por el sistema educativo. No siendo el caso- –aunque bien pudiera serlo– tomo prestado el título como simple recurso para dirigirme a toda persona que ejerció alguna vez la enseñanza y utilizo la palabra ‘maestra’ como una suerte de comodín que me sirve, tanto para un uso genérico del oficio, sin distinción de sexo u otras categorías clasificatorias, como para incluir a quienes debieron llevar otro calificativo con más propiedad y merecimiento.

Nadie busque claves personales, pero admitamos que todo lo que escribimos y pensamos está afectado por un grado de subjetividad al que no renuncio. Cada cual haga su lectura.

Te advierto que no es una carta de halagos ni de reproches, pues voy teniendo algunas ideas claras, así que sobran los juicios de valor y me limito a recordarte posibilidades para que decidas cuál fue tu papel en lo que aprendí y en lo que soy. Creo imposible que alguien se engañe a sí mismo, así que no te dejo otra salida que tu reflexión sincera, por dura que parezca.

De sobra sabes que la inercia de cada día no restó nunca importancia a tu trabajo: en aquellos años, mis padres me procuraron comida, vestido y controles sanitarios. Los alimentos me importaron lo justo, la ropa se me quedó pequeña y mi salud siguió su ritmo con los clásicos altibajos de la edad, que tanto preocupaban a mi madre. Buena parte de mi formación y mi futuro te la confiaron cuando me llevaron al colegio y, desde aquel momento, tus decisiones fueron para mí tan importantes como las de quien pilota una nave.

«Para ellos, para tus alumnos, has sido persona influyente en sus vidas»

Ahora soy, para bien o para mal, mucho de lo que creíste que llegaría a ser, de lo que confiaste en mí y de lo que dijiste que podría hacer, aunque debo decir en descargo tuyo, que asumo la parte de responsabilidad que tiene en estos casos un menor.

Con parecido argumento, has sido un modelo en mi forma de entender y ver el mundo: pongo en las cosas el orden que había en tu clase, me dirijo a los demás con el grado de respeto que lo hacías y me sorprendo alguna vez repitiendo tus mismas expresiones. Quizá no recuerdes detalles de todos los alumnos que tuviste, pero para ellos has sido una persona influyente en sus vidas, hasta el punto de cuestionarte si para bien o para mal, perdona que reitere.

Date por correspondida con algo que no tiene precio como es el impagable placer de participar y ser testigo del crecimiento físico y personal de otros, pero no esperes reconocimiento por parte de empresa, compañeros o familias. Recibiste un sueldo como estaba convenido y si el veredicto de esta carta te resulta favorable, disfrútalo.

«Ahora soy, para bien o mal, mucho de lo que creíste que llegaría a ser»

Te deseo unas reparadoras vacaciones que a todos parecerán excesivas, a pesar del rigor insoportable de este final de curso, o de que eso lo decida, con absoluta falta de iniciativas, una administración para la que eres, lo mismo que yo, un número. Por cierto, un número que hoy te pone en un compromiso sobre tu influencia, para bien o lo contrario. Es el riesgo de trabajar con material sensible.

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