Artículo de Opinión

Las bombas dan trabajo

«Al mismo tiempo, somos una ruina económica y un desastre moral. Y, ahora, que alguien arroje la primera piedra»

POR JUAN ALONSO SÁNCHEZColaborador de Ideal

Me cruzo con otra genial viñeta para prensa de 'El Roto'. Sobre el hongo blanco de una gran explosión nuclear se lee «¡las bombas dan trabajo!». Estaban los gaditanos de Navantia –y Andalucía entera por extensión, y hasta el país en pleno– preocupados por lo de la cancelación de la venta de bombas a Arabia Saudí; que más cornadas da el paro.

El Gobierno finalmente ha dado marcha atrás con el refrendo unánime y silencioso del Parlamento, de las presidentas autonómicas, de los comités de empresa y hasta del Kichi de Cádiz. Si son de pata negra, asegura Borrell con una voz de caverna inédita, las bombas llevan a las corbetas, y las corbetas al empleo y las cotizaciones sociales, y así hasta las pensiones de nuestro Estado del Bienestar. Así sea.

Según cuenta el diario 'El País', los españoles somos la séptima potencia del mundo en fabricación de ingenios de guerra, propietarios de una industria que el año pasado llenó la despensa de más de 50 mil empleados, con sus respectivas familias. Leo también una curiosa ironía: la ganancia del 78% del pastel armamentista se reparte entre empresas del País Vasco y Cataluña; la cartografía armamentista de España coincide con el mapa de nuestra burguesía más nacionalista y cismática. ¿Pero no era Felipe VI el que le vendía bombas al jeque?

En cualquier caso, no parece muy coherente alimentar bombardeos en los países del subdesarrollo, y luego echarse las manos a la cabeza cuando las barcas negreras y sarracenas piden puerto humanitario en nuestros litorales. Si siembras vientos, muy probablemente recogerás tempestades; y si contribuyes activamente a la guerra de otros, tendrás que asumir el coste del miedo y sus desbandadas. El cinismo me puede.

Hablar de apaciguamiento y ser un país gerifalte en la industria de las guerras ajenas parece menos desquiciante que soplar y sorber al mismo tiempo: 'Yes, we can!'. En nombre del empleo, desde las izquierdas pacifistas y solidarias se puede, desde las derechas cristianas y caritativas se puede; por lo visto, la doble moral y las razones de Estado pueden con todo.

Los españoles y las españolas –que para lo feo también hay que aplicar las reglas del lenguaje de género– tendremos que asumir que no somos un pueblo mejor que nadie, si no tan desalmado como el que más, llegado el momento. Nuestro sistema productivo no parece soportar más parados dentro, pero nuestro sistema moral sí parece tolerar más muertos fuera. Al mismo tiempo, somos una ruina económica y un desastre moral. Y, ahora, que alguien arroje la primera piedra.

 

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