«Era un placer escaparse de la cama y bañarse en camisón en el lavadero de la Alfaguara»

La familia y el agua han sido y son claves en los veranos de la artista lojeña Luz López, que cree que esta estación «tiene el aliciente de la libertad»

«Era un placer escaparse de la cama y bañarse en camisón en el lavadero de la Alfaguara»
NOELIA JIMÉNEZ

La polifacética artista lojeña Luz López es una apasionada de los veranos, de su luz, de sus largos días y del mucho tiempo libre que trae consigo. Sus veranos de niña, en familia, rodeada de agua y manantiales y con alguna escapada a la playa, eran un placer para ella, tanto como lo son ahora con su pareja y con su hija, Fátima, con la que suele ir unos días a tierras gaditanas -uno de sus rincones favoritos- y a algún otro sitio por conocer. «El verano es una época que me encanta. El tener tiempo libre, poder pintar a placer.... tiene el aliciente de la libertad, aunque me gustan todas las estaciones», reconoce mientras habla de los momentos estivales guardados en la memoria. «Los recuerdo como algo muy divertido, sobre todo por no tener que ir al colegio de monjas, donde me sentía como presa; no sé cómo hemos sobrevivido a esa educación», apunta Luz sobre aquellos primeros años de su vida.

Dice la artista lojeña -que ha simultaneado su faceta como docente con numerosas exposiciones- que los veranos solía pasarlos en Loja, en familia. «Aunque a veces nos llevaban a todos los hermanos y a algunos primos a pasar un día de playa en el Chanquete. Era horrible porque nos mareábamos en el coche y vomitábamos por la Cuesta de la Reina. ¡Y a la vuelta íbamos quemados como chicharrones!», revive a carcajada limpia. A esta pintora, escultora, fotógrafa... le encantaba bañarse con las amigas en «la única piscina que había entonces en Loja» e ir en bicicleta hasta algunos nacimientos y zambullirse en ellos. »El agua era mi pasión; y lo sigue siendo«, admite, aunque con cierta añoranza de la forma de vivir las cosas. »Echo de menos esa gran capacidad para sentirlo todo con mucha fuerza; todo era sinónimo de vida, de aprendizaje, de placer. A partir de cierta edad las cosas se sienten de otra manera«, afirma nostálgica.

Los guateques

Su conexión con el agua era tal ya desde niña que le viene a la cabeza una imagen que lo dice todo. «Con 7 años me mandaron reposo y, mientras mi madre trabajaba en la peluquería, me escabullía en camisón y me iba al lavadero de la Alfaguara a darme un baño. Hasta que me pillaron, claro. Era un placer escaparse de la cama y bañarse en camisón», cuenta. También le vienen a la cabeza sus rápidas escapadas a la playa, a Torre del Mar. «Y los guateques en las terrazas de los amigos de Loja, con la música de los 60», dice Luz, que es parte de una familia repleta de artistas y músicos.

Asegura que sus veranos son «siempre de agua». «Los suelo pasar con mi hija en la casa de los Molinillos, al frescor del río. Otra parte del tiempo, estoy por Cádiz, que me entusiasma. Y luego hago algún viajecito que otro a Portugal», detalla, mientras adelanta que este verano tiene pensado ir a Nápoles y la costa amalfitana con su marido.Y es que los veranos de Luz son «muy movidos, aprovechados al máximo hasta el punto de que resultan cortos».

En esos veranos 'exprime' las horas para pintar, fotografiar los lugares que recorre y los rincones que va «encontrando y sintiendo». «Es un reto expresar lo sentido y ser capaz de transmitirlo con imágenes. Me encanta centrar mi mente en la creación o recreación de algo», relata. Esa capacidad para recrear no es nueva en sus veranos. «Antes no nos desplazábamos tanto pero viajábamos con la imaginación de los niños», compara Luz. «Me quedo con todos los veranos, incluso con los que están por venir. Los primeros son recuerdos, los de ahora son vivencias y los futuros, ilusiones«, apostilla la pintora de Loja.

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