Loja, la ciudad de agua... y de los molinos

Loja, la ciudad de agua... y de los molinos
  • Loja es conocida como "la ciudad del agua" por lo evidente. Por sus decenas de ríos y arroyos, por sus manantiales, por su rico e importantísimo acuífero, por tener centenares de fuentes repartidas por todo el término municipal, por tener dos plantas comercializadoras de agua mineral y, como no, por su Fuente Santa, el primer lugar de España donde se embotelló agua. Sin embargo, hay un aspecto muy ligado a su riqueza hídrica y de su patrimonio histórico que casi pasa desapercibido para la mayoría de los lojeños y visitantes. Los vestigios y restos de sus numerosos molinos de agua. A desentrañar todo sobre estos numerosos ingenios hidráulicos se está dedicando David Gómez, un joven arqueólogo lojeño que, además de preparar una tesis doctoral sobre Loja en la época romana y estudiar sus oposiciones, está realizando una profunda y desinteresada investigación sobre esa parte de la historia de su pueblo de la que apenas se sabe.

Gómez lleva hasta el momento más de 50 molinos de agua catalogados, unas construcciones que fueron importantísimas en la Loja de hace siglos, que se autosuministraba de harina, tejidos, papel o metales. "Los molinos convirtieron la localidad en un centro productor y exportador, como ocurrió con los metales salidos del martinete de Riofrío hasta toda la comarca y más allá de Antequera", explica este historiador. Precisamente a raíz de descubrir la belleza y la historia del martinete de Riofrío, una antigua fábrica de cobre del siglo SVIII, fue cuando el investigador empezó a buscar todo lo que diera pistas sobre los antiguos molinos de agua lojeños. Al consultar fuentes como el Catastro de Ensenada de 1750, en los libros de repartimientos de Loja del siglo XV o en el Interrogatorio de 1805, Gómez ha ido localizando estas antiguas factorías, que eran la única forma de producir y manipular materias primas antes de la invención de la electricidad y la revolución industrial. "Me parece importante que se sepa dónde están y cómo fueron evolucionando el estado y funcionalidades de estos ingenios o molinos. Somos la ciudad del agua y esos edificios fueron fundamentales precisamente por la cantidad de ríos caudalosos de la ciudad", subraya.

Batanes y molinos harinerosAunque sabe que esto llevará al menos dos años más y que es un esfuerzo completamente gratuito, este vecino quiere que se conozca esta parte del patrimonio lojeño. "Junto a la piscifactoría, también había un molino harinero. Solo en el río Frío hay contabilizados siete molinos, en arroyo Salado hay otros cinco, en Venta de Santa Bárbara otros dos y en el Río Manzanil al menos 7, y muchos de ellos muy bien conservados", asegura. Su estudio quiere ser un mapa de esos molinos, contar en qué estado están, qué técnicas constructivas se usaron, si conserva piezas y cómo han ido adaptándose al producto más demandado de cada momento. Y es que muchos molinos lojeños fueron primero batanes, que se encargaban con sus mazos de dar consistencia al paño para luego hacer tejidos, y después se reconvirtieron en martinetes, para trabajar los metales como ocurrió con el del río Frío, que es de los pocos de la provincia junto al de Fuente Vaqueros, Dílar y Güejar Sierra.

Junto al río frío, el río Manzanil es otro de los lugares donde más ingenios se han catalogado. De hecho, la Presa ya se menciona en el siglo XV como un molino, primero papelero y luego para cortar mármol, y la Perla, por su parte, es de los mejor conservados. "Era una energía renovable magnífica y permitía a los pueblos autoabastecerse en casi todo. Loja tuvo esa riqueza productiva gracias al agua y gracias a esos molinos que apenas sabemos que existieron", dice el historiador. En su investigación está encontrando muchas sorpresas. "El martinete lojeño, el molino de metal, servía para hacer planchas de cobre y calderas, aperos de labranza en hierro... Loja era un centro productivo gracias a esos molinos que apenas conocemos", destaca.

Molinos de 1490El papel de los molinos en la economía lojeña de entre los siglos XV y XIX solo es comparable en la zona al caso de Alhama. "Por cuestión de economía salía mejor producir todo lo posible en el mismo sitio para abaratar costes. Además si el pueblo de al lado era propiedad de algún noble tenían que pagar impuestos. Loja al ser una ciudad libre, realenga, tenía ventaja", comenta Gómez. Entre los molinos catalogados más antiguos de Loja está el que se encuentra justo al lado de la entrada de Loja, junto a la venta que preside la localidad. Se trata del molino junto al puente del Manzanil, que ya se mencionaba en 1490."Se habla de la ciudad del agua, pero los molinos son unos absolutos desconocidos", indica el lojeño. Cuando termine su estudio, David Gómez, que ha publicado varios artículos en publicaciones especializadas, ofrecerá su trabajo a la Fundación Ibn al Jatib, para su difusión en formato digital. "Además del estudio, mi idea es que, en colaboración con los vecinos, se impulse el conocimiento de este patrimonio mediante rutas, paneles informativos al pie de cada molino o incluso algún díptico. Que Loja conozca esa parte de su patrimonio y su historia tan desconocida". Porque Loja es la ciudad del agua... y de los molinos.