La afición al parapente 'vuela alto' en Loja

FOTOS: JORGE MARTÍNEZ MAROTO
TURISMO ACTIVO

Casi 150 pilotos se dan cita en la XV Concentración de Vuelo Libre, una práctica deportiva que convierte a la ciudad en un destino en alza

NOELIA JIMÉNEZ GARCÍALoja

Lo mismo que la travesía de todo marinero depende en parte del estado del mar, los parapentistas y su vuelo dependen, y mucho, del viento. A merced de él están cada vez que inician el vuelo y el tiempo del mismo o su belleza lo dirigen en parte los cambios de dirección o de velocidad del aire. Por eso, la XV Concentración de Vuelo Libre de Loja ha vuelto a estar determinada por las condiciones atmosféricas. Después de una primera jornada "de buen vuelo", como la definían algunos pilotos, la fuerza del viento del sábado era tal que sólo permitía la subida de algunos remontes al despegue de Poniente, desde donde salieron para 'navegar' por los cielos de Loja algunas decenas de velas -el elemento principal del parapente- con con ganas de sentirse aves.

Aunque la cifra puede aumentar hoy, hasta ayer cerca de 150 personas participaban en este evento, que, tras la inauguración del último despegue de la estación lojeña, sitúa a la ciudad entre los destinos más potentes para la práctica del vuelo libre. Precisamente emocionados están estos días los miembros del Club de Vuelo Libre lojeño, que ha podido estrenar el despegue Sur, en el Monte Hacho. "Ha sido ilusionante, la verdad, por ser la primera vez que lo usábamos. El paisaje y las vistas por supuesto son completamente diferentes. Pero sobre todo, porque ya podemos decir que Loja es de los pocos sitios de Europa donde es posible volar casi cualquier día del año", explica el presidente del club, Miguel Pedregosa.

"Cada vez son más los turistas extranjeros que eligen Loja para volar. Aquí se puede usar el parapente prácticamente todo el año" MIGUEL PEDREGOSA

Los despegues de Levante, Poniente, Norte y Sur abren todas las posibilidades de afianzamiento de este imán de turismo activo. "Cada vez son más los turistas extranjeros que eligen Loja para volar. Aquí se puede usar el parapente prácticamente todo el año y, encima, a diferencia de otros puntos como el Valle de Abdalajís, en Málaga, estamos accesibles y bien comunicados", cuenta Pedregosa, que, al igual que el área de Turismo del Ayuntamiento de Loja, confía plenamente en las posibilidades que la Estación de Vuelo abre para el municipio.

Aunque la afición al parapente 'vuela alto' en Loja, las corrientes de aire son fundamentales para saber si finalmente se puede o no vivir la experiencia. "No se sabe hasta última hora. Muchas veces, mientras que subes al despegue, cambia la dirección del viento o la intensidad y hay cambio de planes. La experiencia puede evolucionar incluso en el mismo momento de volar. De vuelos previsiblemente cortos, terminas haciendo un recorrido mucho mayor", relata Pedregosa, satisfecho con una concentración en la que son muchas las caras conocidas que repiten año tras año, procedentes de toda España. "Estamos como en familia casi", aseguran.

Abrir la vela

Ellos, los pilotos de parapente, basan gran parte de su experiencia en "saber abrir y cerrar la vela, con eso ya tienes todo controlado", explica Raúl Rodríguez, siete veces campeón del mundo en acrobacias en parapente; la última vez fue el pasado 2016. Este albaceteño afincado en Granada viene por primera vez a la concentración de Loja, aunque, como comenta, no es la primera vez que se lanza con su parapente desde las zonas de despegue de las sierras lojeñas, que ya disponen de cinco espacios para vivir esta increíble experiencia. "Me ha encantado aterrizar aquí, en el campo de los Veteranos, en pleno centro de Loja", reconoce este as de las maniobras.

184 kilómetros por el aire. Es el récord de distancia de Raúl, que empezó a volar con apenas 12 años cuando el parapente era aún un gran desconocido en España. Por eso él es en cierto modo el 'Messi' o el 'Ronaldo' del vuelo libre. Es casi un ídolo para los parapentistas; de hecho, él ha creado decenas de las maniobras y acrobacias que hoy emulan muchos de los pilotos nacionales e internacionales. Aunque reconoce que siempre hay que romper la barrera del miedo cuando se experimenta una nueva opción. "Es inevitable cuando pruebas cosas que no sabes cómo van a salir. Al menos una o dos veces al año hay que abrir el paracaídas", dice, dejando constancia del riesgo que en no pocas ocasiones implica volar y, sobre todo, innovar con la vela. También él se refiere a la importancia del viento cuando estás en el parapente. "Puedes ir a 50 kilómetros, pero si el viento empuja a 30 por hora, la velocidad aumenta. Si nos enfrentamos al viento, todo lo contrario. Los vuelos largos se hacen con viento en cola, con su empuje".

"Antes no había biplazas ni los parapentes volaban tanto. Más que volar caíamos, como en paracaídas. La cosa ha evolucionado mucho y ahora hasta el parapente más sencillo vuela mucho y es seguro" raúl rodríguez

Su pasión por el parapente le viene de familia. Su padre creó una escuela de vuelo en Albacete y, junto a su hermano, lleva 30 de sus 42 años ligado a este mundo. "Antes no había biplazas ni los parapentes volaban tanto. Más que volar caíamos, como en paracaídas. La cosa ha evolucionado mucho y ahora hasta el parapente más sencillo vuela mucho y es seguro", argumenta este experto del vuelo sin motor. Raúl cuenta que lleva "como 40 maniobras pero es que en total hay más de 200", apunta. "Me di cuenta de que la vela, si se tira de lado, se queda flotando. De ahí pasé al 'looping' frontal, que es el 'infinity', la maniobra más radical. Empecé con 101 vueltas sin parar hasta llegar a las 570 que he llegado a hacer", rememora el acróbata, que admite que hay un miedo real de muerte con cada nueva maniobra. "Pero sabemos manejar el paracaídas y recuperar la vela después de que se cierre, ahí está la clave", afirma con seguridad mientras contempla cómo aterrizan nuevos pilotos en Loja.

Fotos

Vídeos