Jesús Preso y Los Favores hacen inmenso el Jueves Santo en Loja

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/ fotos JORGE MARTÍNEZ

  • jueves santo en loja

  • Las cofradías de la capilla de la Sangre y la iglesia de Santa Catalina hicieron sus estaciones de penitencia rodeados de la devoción de la gente y la entrega de sus hermanos

El Jueves Santo es inmenso en Loja. Se unen de la tarde a la madrugada dos de las cofradías más queridas de la Semana Santa Lojeña: la Real Cofradía de la Santa Vera Cruz, Jesús Preso y Nuestra Señora de los Dolores -fundada como hermandades separadas en el siglo XVI y hoy con casi un millar de hermanos- y la Cofradía del Santísimo Cristo de los Favores -con otros 800 cofrades más-. Sólo coinciden en la calle apenas una hora, pero ambas despiertan el fervor de sus cofrades y la entrega de la inmensa mayoría de los lojeños, que se echan a las calles en una dilatada jornada.

La cofradía de Jesús Preso salió hacia las 6 y media de la tarde y caminó bajo la atenta mirada de miles de personas, que admiraron como cada año el paso de los tres tronos de la Ermita de la Sangre: la Santa Vera Cruz -y sus tambores blancos- Jesús Preso y Nuestra Señora de los Dolores. La cofradía estrenaba este año la restauración de los ‘cacharros’ y brindó hermosos instantes a su paso por el puente Gran Capitán, por la carrera de San Agustín y, como no, en su encierro, cuando los sentimientos afloraron después de ver concluida una estación de penitencia esplendorosa, ensalzada por los siempre emocionantes incensarios blancos.

Las seis horas de recorrido de Jesús Preso pasaron el testigo de una jornada fundamental a la Cofradía del Silencio, el mismo que inundó el Barrio Alto cuando todo enmudeció y se oscureció para ver al detalle ese Cristo que ha muerto en la cruz. Un silencio sólo roto por el toque de los Tambores Negros, siempre solemnes, siempre en su lugar ante la imagen del crucificado, plenamente restaurado. Sólo la luz de los faroles de los penitentes se pudo ver en el centro de Loja, como cada Jueves Santo al borde de la última jornada de Pasión.

El respeto, la solemnidad y el silencio. Qué mejor manera de acompañar a Cristo muerto, del que se despidió fervorosa Loja hacia las 4 de la madrugada, mientras que la concordia de Tambores Negros le tocó de rodillas -como cada año- en los últimos minutos a hombros de su cuadrilla de horquilleros.