Dificultad para pedir consumiciones, falta de climatización del local, y ausencia de personal de recogida de vasos y botellas ya usadas, quejas generales de la mayoría de los asistentes.
La mayoría de los asistentes al cotillón organizado en el Pabellón Municipal de Deportes, unos 750 según la organización, mostraron su descontento por una serie de aspectos que se les prometió al comprar su entrada y no fueron cubiertos.
Entre estas quejas destaca la falta de climatización del local que supuso que en una noche tan fría como la vivida fuera imposible desprenderse de los abrigos. Según la organización los aparatos dispuestos para ello no funcionaban a escasas horas de la apertura de la fiesta. Otra aspecto que no funciono fue el servicio de guarda ropa que no disponía de espacio suficiente para todos los abrigos de las personas que decidieron usarlo.
También muchos de los asistentes manifestaron el desafió que suponía pedir una copa en la barra, ya que el número de camareros no era el suficiente para atender a la gran cantidad de personas que pedían su consumición.
A medida que avanzaba la noche fue reseñable la gran cantidad de suciedad y botellas que cubrían la totalidad de la superficie del recinto, con el consiguiente peligro de producirse cortes o incluso caídas. Esto se debió a que no existía ningún tipo de mesas donde dejar las botellas y vasos, además de la ausencia de personal de recogida de residuos.
La organización prometía una zona climatizada habilitada para fumadores. Existir, existió una carpa, de escasas dimensiones para el número de fumadores, en la entrada y no climatizada. Esto y la falta de respeto de los fumadores supusieron que en el interior del recinto se fumara, a pesar de que la seguridad intentó en todo momento controlarlo. Esto supuso las quejas de algunos asistentes que incluso llamarón a la Policía Local, y exigieron el libro de reclamaciones.
Aproximadamente a las 6:15 de la madrugada se cortó la música y se encendieron los focos del pabellón, como reclamaba la ordenanza municipal. En ese momento muchos asistentes permanecieron en el recinto sin querer abandonarlo, incluso reclamaban que se les siguiera atendiéndoles. En esta circunstancia se produjeron insultos a algunos de los camareros ante la negativa de estos a ponerles más copas. Una vez que se vio que la seguridad privada existente no podía aguantar a las personas que seguían en el recinto se personaron miembros de la Policía Local y la Guardia civil que controlaron a los asistentes que poco a poco abandonaron el pabellón hacía otros pubs cercanos.





